La luz se esconde tras las nubes en el lago, tenues reflejos de algo más que un destello, estoy un poco más viva ahora cuando mis pasos no necesitan saber a donde ir. Cuando el viento de invierno penetra mis pulmones y revuelve mi cabello menos negro que hace un par de décadas, amo su color natural con destellos de estrellas. Mi voz tiembla en otro idioma, descubro sus secretos, el miedo escondido bajo mi silencio, las palabras que creí. Ahora entiendo sus significados, el dolor es un eco que no pueden eludir.
El paisaje se construye desde adentro.
Aline Petterson
miércoles, 30 de noviembre de 2016
sábado, 19 de noviembre de 2016
Saber desnudarse
"La desnudez de la autoexpresión es la semilla de la creatividad; la conciencia del artista se expande en el desorden de los sentidos; el arte elude la moralidad convencional."
Jack Keruack
miércoles, 9 de marzo de 2016
Naufragios
Como aquel que no sabe dónde termina el mar, donde inicia la
nostalgia sigo con el horizonte perdido en mis pupilas.
miércoles, 11 de noviembre de 2015
Compromiso
Tal vez la palabra perfecta para definir esta mañana, entender que nos arrastra a que orillas, que impulsos nos llevan hacia ciertos caminos, que razones nos detienen. Admitir que podemos tener toda una década de equivocación, solo por no saber entregarse y comprometerse con las propias decisiones, una bomba, eso somos, una célula viva y anhelante lista para empezar.
lunes, 12 de octubre de 2015
La mirada intrusa
Se la encontró una mañana junto al estante de alimentos
orgánicos, no le prestó atención, siguió su paso ligero. Sin embargo, ella aterrizo sobre su rostro, recorrió
sin reparos su cuerpo, mientras se alejaba a la caja de cobro. Después de aquel
día, la veía por todos lados. De paso a su trabajo, de regreso del gimnasio,
por las noches al pasear el perro. Incluso el domingo en la misa de seis; ahí
estaba, ansiosa e insistente, siguiendo sus movimientos mientras se persignaba
en el último rezo. Para entonces ya de vez en vez, pensaba en ella, le intrigaba su insistencia y la
aparente casualidad de su presencia.
Al principio pensó que era alguien que la confundía con otra
persona, pero algo en la manera de mirarla la hizo descartar esa idea. Entonces
empezó a memorizar sus colores, el brillo de sus ojos cambiantes según el
horario. Las sombras en ellos, esas sensaciones ocultas en sus formas, a veces
de dolor, a veces de hastío. Hasta que se descubrió enamorada de la profundidad
de sus cuencas. Ahora solo la esperaba con afán, por las mañanas en la espera
del microbús, en las noches cuando caminaba por las calles desiertas. Ahí
estaba, desconsolada esperando a ser cruce, esperando a ser entrega.
Lo que la chica no sabía es que aquella mirada era errante.
Nunca se quedaba en el mismo lugar, siempre buscaba algo más, algo que tenía
que hallar pero no sabía dónde. Las primeras veces buscó entre los estantes de
las tiendas, luego se refugió en las páginas de muchos libros. Al final, cansada de buscar entre tantas letras, volteo
hacia la calle y algo en los ojos de una niña le llamo la atención, pensó que
había hallado lo que tanto buscaba. Después comprobó que no, no estaba en aquellos ojos, ni en ninguno más. Así inició su recorrido, la misma búsqueda insistente de antes,
de siempre. A veces, cuando descubría ese rasgo inquietante en alguien, hurgaba
con insistencia hasta extasiarse o cansarse y después vagar, otra vez entre
otros rostros hasta encontrar uno nuevo.
Una tarde, como cualquier otra de aquella ciudad del trópico;
calurosa, húmeda, con la brisa recorriendo las calles del antiguo centro.
Aquella chica ya ilusionada, se la encontró de nuevo mientras regresaba del
trabajo. Un encuentro torpe pues no alcanzo a aterrizar más allá de sus ojos y ella se desvió indiferente. La chica,
enmudeció sin saber que decir ni hacer, dejando pasar para siempre el momento. La
mirada volvió a vagar, cansada y sin esperanzas sobre más rostros desconocidos.
Se dio cuenta que ya ninguno le complacía y llegó a la conclusión que lo que
buscaba tampoco estaba en esos rostros. Anclo su desesperación en el paisaje,
el resplandor del sol reflejado en los escaparates de las tiendas, una sonrisa
juguetona en el parque; llegó hasta la playa, en el destello del sol sobre las
olas. Entonces posó sus deseos ansiosos en el vuelo de una cigüeña americana y
siguió su vuelo sobre el horizonte hasta desaparecer junto con los últimos
rayos del sol.
lunes, 5 de octubre de 2015
Una casa
En sus paredes olvidadas parte de ti, tus ríos, el fantasma
del niño que fuiste, que aun eres en los espacios cerrados, ajenos al mundo
pero llenos de ti. Somos dos silencios convergiendo en alguna calle. ¿Qué
calles son desconocidas para ti? ¿Alguna sin el recuerdo de tu paso? ¿Una sola
donde no descubra tu ausencia? Coincidimos en distintos tiempos, yo llegué y tú
habías estado. Fuimos esas líneas que se cruzan y siguen en su trayecto. Hoy
seguimos siendo líneas con encuentros fortuitos, de miradas unidas por breves
instantes. Después, después la lejanía silenciosa en calles antiguas de
ciudades distintas. Una casa tiene tu nombre en las paredes roídas, yo la
observo y siento que te extraño desde hace mucho tiempo.
miércoles, 2 de septiembre de 2015
Un oasis
En el medio, un ojo agua emerge, fluye, un manantial para
aliviar a los seres errantes como tú. Les llaman Petenes, son como un oasis,
solo que alrededor no hay arena, es agua salobre, marisma y manglares. Si
caminas entre los árboles, puedes escuchar el viento sobre las ramas, es como
una ola, una suave caricia que circula a tu alrededor, un lento respirar. A veces también escuchas el paso de una tropa de monos entre los árboles, el grito
agudo del halcón, los ojos sigilosos del cocodrilo, el chillido de un puerco de
monte y el estruendo de un disparo ahuyentando a las aves.
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