El paisaje se construye desde adentro.

Aline Petterson

viernes, 20 de febrero de 2015

La cuerda floja







Antes de empezar vio el vacío después de sus pies, alzó la mirada y fijó su mente en un punto. Siempre era el mismo: aquel tubo negro, firme, que esperaba desde el otro lado. Un paso, luego otro; sin tambalear avanzó hasta el centro, viendo hacia el frente con la mirada puesta en aquel punto. De pronto alguien subió por las escaleras pegadas a la carpa, caminó por el puente hasta el sitio donde él debía llegar. Traía puesta una capa negra con dorado en los bordes, no podía ver el rostro. Ya no tenía la mira fija en el punto, sus pasos se tornaron imprecisos, tuvo que parar porque estuvo a punto de perder el equilibrio. Trato de serenarse, cerró los ojos por unos minutos, los volvió a abrir. Su punto fijo estaba cubierto por la silueta de alguien; alguien a quien no podía ver. Dio otro paso, la seguridad que antes tenía había desaparecido, bajo la mirada, el vacío lo abrazó; quiso dar otro paso y la cuerda se movió. Quedó con el pie al aire, a duras penas pudo recuperar el equilibrio, faltaban pocos pasos, sólo necesitaba recuperarlo. El punto fijo había desaparecido, ahora miraba la oscuridad que cubría aquel rostro ¿Quién era? ¿Qué hacía ahí? Estaba lleno de preguntas, dio otro paso tampoco atinó. No podía concentrarse para recuperar el equilibrio, entonces su cuerpo cedió…el peso, la gravedad, el vacío. Los rostros  perplejos del público y esa sensación indescriptible en el vientre antes de caer…